Agotada y sin poder mirar la luz, cuelgo mi abrigo de batalla, y despido a las tropas con una sonrisa funebre. Saco de mi bolso la bandera blanca y me abrigo con la rendicion de amarte. Me acuesto bañada en lagrimas, abrazada del plano de la estrategia que pensé que serviría. Tomo el itinerario y lo boto a la basura, porque ya no quiero saber más de horarios de trenes; y empiezo a entender el mensaje,
Los ojos me arden. Grité y Lloré esperando que bajaras para presentarte ante la tropa, e imploré minutos extras, buscando excusas baratas, pero mientras daba a luz lo que por meses habia esperado, ahora yo era la que moría.
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