. Todos los dias trato de rezar para que su mundo choque con el mio y por fin pierda la verguenza. Lo pienso sabiendo que estos cien kilometros de distancia son, en verdad, muchas más por que yo tengo mucho miedo.
Y sigo esperando para ver si el tren de las 11.21 me lo trae en alguno de sus vagones. Lo espero para poder abrazarlo contra mi pecho condicionandome a que el día de mañana lo voy a extrañar; y que voy a tener que esperar treinta dias ás, para que sea, además, Mi ambrosia mensual.

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