domingo 12 de junio de 2011

Raccon

El hombre que amo, no le gusta que lo ame.




Es el tipico hombre romantico del siglo XVIII, y calza casi perfectamente con el estereotipo del hombre artista, diferenciandose sólo en el hecho de que él no tiene un amor imposible y que no me ama a mi.


Sufre como todo ser de esa época. Vive el día a día sin importar el mañana, y por la misma razón, no es capaz de amarme.


Su mundo choca constantemente con el mundo concreto, y llora. Llora como si nunca lo hubiesen herido y fuese la primera vez que lo hacen. No mira por la ventana para ver el desastre de la cuidad; Vive por su arte y lucha para que no le coarten su libertad de pensar y actuar.


Y yo lo espero. Todos los días lo espero, lo sueño, lo deseo. Todos los dias trato de rezar para que su mundo choque con el mio y por fin pierda la verguenza. Lo pienso sabiendo que estos cien kilometros de distancia son, en verdad, muchas más por que yo tengo mucho miedo.


Y sigo esperando para ver si el tren de las 11.21 me lo trae en alguno de sus vagones. Lo espero para poder abrazarlo contra mi pecho condicionandome a que el día de mañana lo voy a extrañar; y que voy a tener que esperar treinta dias ás, para que sea, además, Mi ambrosia mensual.