Cuando trato de sacar las cosas del alma sin nisiquiera hablar, se vuelve una tarea imposible.
Por eso ahora derramo tinta verde sobre las hojas guardadas especialmente para el momento exacto de la exploción.
Empiezo a esculpir la evidencia de alcohol en las venas que me recuerdan sus ojos desorbitados, con sus manos en mi cara y su aliento en la nariz. Una vez nada más, tus labios son dulces, No están mirando. Sueltame, me duele la mano ; Vos crees? ; Si sé, pero shhht.
Nace asi la culpa del recuerdo, la culpa que me causa Él, no porque me lo diga, sino porque existe, porque mi fidelidad sobrepasa los limites, y porque el dedo del tal Dios del que la gente habla me apunta, haciendome sentir avergonzada.
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