miércoles, 17 de agosto de 2011

Manos Historicas

Sus manos arrugadas contra el frio vidrio chocaban intranquilamente. Miraba cada tres minutos la hora y de cuando en cuando arrugaba la cortina y la apretaba fuertemente. Se veía intranquila, como se necesitase llorar desenfrenadamente o escapar a alguna parte lo mas rápido posible.
Cuando miro por tercera vez la hora, me decidí a preguntarle que la acongojaba. "Me bajo en Santa Blanca, y no sé donde queda". -Le aviso cuando lleguemos. Me bajo en Pie Andino, le respondí. Con una gran sonrisa me agradeció, ofreciéndome todos sus dientes falsos.
En en camino me fijé que llevaba un bastón. Lo golpeaba como lo solía golpear mi abuela, con los pulgares y el meñique, con un ritmo que sólo ella podia reproducir. La blusa, el chaleco, su olor... todo me recordó a ella. Su pan tostastado dominical, sus misas los sábados a las ocho y sus pasos lentos.
Alcancé a darme cuanta que estábamos llegando, y le toque el brazo. Miró por ultima vez el reloj y dijo: “Me estaban esperando a las 5.30, por poco llego tarde.” Yo no podía hablar. Tenia angustia. La mire y le ofrecí mi sonrisa, y la vi bajar lentamente la escalera.

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