miércoles, 28 de diciembre de 2011

Los tomates


Tengo que partir diciendo que no tengo definido cual fue la razón por la que me imaginé lo que me imaginé. No sé si fue un sueño, o fue producto de la circunstancia. El asunto es que vi en un espacio incierto algo parecido a un saco amniótico, con tomates adentro y algo que al parecer eran dientes de ajo (Eran curvos con destellos morados). La particularidad de esto era que estaban perfectamente agrupados, casi como un racimo. Del otro lado de este espacio desconocido, habían más tomates, todavía en su guía.
Lo interesante, es que estaba en alguna fase de la noche cuando uno despierta por casualidad, y queda en estado somnoliento. Alguien me acariciaba mientras yo estaba en posición fetal en dirección a la pared; me decía que me quería mucho al oído, me tocaba mi espalda, mi cintura, mi hombro y yo tomé su mano sin pensarlo. Me la tomó desesperado, la acariciaba alocadamente, recorría velozmente mis dedos, mi muñeca. Lo sentía en mi espalda, su respiración, el corazón latía fuerte, y yo pensaba en mi espacio incierto y en los tomates. Luego, mi respiración cambió, y ese alguien dejó de tocarme. Me separé de la masa caliente que me acechaba y en mi cabeza los tomates se empezaron a caer, la cosa morada parecida al ajo desapareció, y la bolsa se llevó los vestigios de los tomates caidos.
Ahora estaba sola, frente a la pared, con incertidumbre y sólo con la guía de los tomates en mi mente.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ven y siéntate

Anoche me di cuenta que en sus brazos no quiero estar. Las sabanas ajenas se vuelven frías y ásperas mientras me carcome tu recuerdo. Su brazo sobre mi cintura me quema. Pienso en las cosas vividas, en las cosas que no se pueden olvidar. Mis manos recorren mentalmente tu pelo, tus crespos preciosos. Mis manos te buscan, pero sólo encuentran a un reemplazante que deja mucho que desear. No son tus manos, no es tu espalda, no es tu cuello con esos tres lunares que tanto me gustan. Su piel es morena, es dura, ácida. Y tú no estás y me desespero. Algo me dice que pare, pero te tengo que olvidar. Su sudor me repugna, es frió, extraño. Y trató, te prometo que intento hacerte a un lado, pero es inevitable comparar. Paro, y me siento. Él me abraza por la espalda, pero ya no puedo. Pensé que esto se quedaría en la raíz del árbol,en los ladridos del perro, en mis lagrimas que caían al chaleco, en nuestro beso de despedida, pero no es así, están en mi mente y no me dejan seguir viviendo. Y tú, leyendo. Incapaz de hacer nada. Párate, y ven. Dime que me necesitas y paramos con este juego, Con esta búsqueda de reemplazantes que nunca podrán ser eso. Ven, y tomate un café conmigo, por los tiempos que no se podrán olvidar.