miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ven y siéntate

Anoche me di cuenta que en sus brazos no quiero estar. Las sabanas ajenas se vuelven frías y ásperas mientras me carcome tu recuerdo. Su brazo sobre mi cintura me quema. Pienso en las cosas vividas, en las cosas que no se pueden olvidar. Mis manos recorren mentalmente tu pelo, tus crespos preciosos. Mis manos te buscan, pero sólo encuentran a un reemplazante que deja mucho que desear. No son tus manos, no es tu espalda, no es tu cuello con esos tres lunares que tanto me gustan. Su piel es morena, es dura, ácida. Y tú no estás y me desespero. Algo me dice que pare, pero te tengo que olvidar. Su sudor me repugna, es frió, extraño. Y trató, te prometo que intento hacerte a un lado, pero es inevitable comparar. Paro, y me siento. Él me abraza por la espalda, pero ya no puedo. Pensé que esto se quedaría en la raíz del árbol,en los ladridos del perro, en mis lagrimas que caían al chaleco, en nuestro beso de despedida, pero no es así, están en mi mente y no me dejan seguir viviendo. Y tú, leyendo. Incapaz de hacer nada. Párate, y ven. Dime que me necesitas y paramos con este juego, Con esta búsqueda de reemplazantes que nunca podrán ser eso. Ven, y tomate un café conmigo, por los tiempos que no se podrán olvidar.

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