jueves, 25 de octubre de 2012

Entrenamiento de 200 llantos

Mis palabras retumban en la cueva de tus oídos, y en tus ojos.
Esos Ojos que ven una niña que apenas vive, con mejillas rojas de sangre
con su corazón saliendo por la boca
y empiezas con el entrenamiento.

Tu sales, como si nada hubiese pasado.
Como si las promesas se le pudiesen negar al corazón.
Caminas lento, sin mirar atrás
y te sientes orgulloso, te endiosas por hacer lo que haces,
por entrenarla.

La muchacha llora, como siempre
como todas las noches, aferrada a la almohada de esperanzas
de sueños que te encargas de romper cada vez que ella te habla.
Llora porque no estás
Llora porque te quiere
Quizás llora por lo lindo que fue
También lo hace por que ve una mariposa volar,
el mar llegar a sus pies
y aveces porque ve en su cuaderno de matemáticas un binomio simpático.
Llora cuando después de fumar cigarrillos se acuerda que tú también lo haces.
Llora porque es feliz
y llora cuando escucha canciones que le recuerdan tus rulos, y tus manos grandes.

Cuando empieza a acostumbrarse,
tu llegas como si nada hubiese pasado
y cumples sus sueños de almohada esperanzada.
Te sonríe, estúpida, con los ojos brillosos
y la sangre en la cara
y te premia con besos por los regalos que le das.
Y luego, cuando todo está como antes,
empiezas de nuevo a entrenarla
como tu entrenas todos los miércoles, y supuestamente los viernes,
pero ella llora,
llora rios
mares
canales
acequias
llora porque sí y porque no
porque la vida no le da nada
porque en la tele hay alguien que se llama como ella
porque piensa que tu te acuerdas de ella

y vuelves a hablar.. como si nada.


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