jueves, 4 de octubre de 2012

Panorama

No sé muy bien que es lo que me pasa en mi interior. Me estoy dando cuenta de que las flores de mis manos se están abriendo, y que desde la planta de mis pies salen pequeñas raíces  Mi corazón ahora tiene alas nuevas, renovadas; así como una piel de serpiente que cambia de etapa. Mi estomago ya no tiene fondo y en mi espalda se dibuja un piano para que puedas aprender a tocar en él.
Quizás quiero sentarme a escuchar Beethoven contigo hasta el resto de la eternidad, mirando los arboles y la lluvia que los baña, los pájaros que se divierten, mientras tu estrangulas mi mano, queriendo que ellas se fusionen. Quizás ya lo están, y no es necesario tanto esfuerzo.
Puede que quiera salir corriendo, esconderme en los rincones más extraños del mundo. Recorrer mercados, calles y paseos. Ver la torre Eiffel, los canales de Venecia  los cuadros del Louvre, tomarme un café en la orilla del Sena, y prender un cigarro. Eso sí, contigo. Para que me protejas de los ladrones, te rías de mis comentarios sobre las cosas, y para que me obligues a apagar el cigarro porque me estoy matando.
Tal vez me compre un terreno, y críe vacas, las ordeñe con amor y haga quesos y mantequillas. Me levante temprano y haga fuego, ponga la tetera en la cocina a leña, y haga el pan para el desayuno. Y cuando llegues, yo te tenga todo servido, la mesa rústicamente puesta y un beso de buenos días.
No sé que quiero hacer, definitivamente. Pero hay algo que si sé: da lo mismo como cambie el escenario, la cosa es que siempre voy a ser dichosa, sea como sea, si tu estás para botarme mis pañuelos, apagarme los cigarrillos, reírte de mis inocencias, y arreglarme la chasquilla cuando caiga sobre mis ojos.

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