viernes, 14 de diciembre de 2012
Asco y Sangre
Las piernas sudan sangre tras verte subir presuroso las escaleras que te apartan de mi existencia. La vergüenza corrompe los dedos de mis pies y sin previo aviso caigo entre las lineas de un anden que pronto me llevara a la muerte. Divago entre los pensamientos más oscuros de mi ser, y vomito más sangre porque me da asco lo que llevo dentro, lo que pienso, lo que hago. A ti también te da asco, y entonces todos empezamos a vomitar palabras revestidas de una mucosa café maloliente. Sin embargo, aquellas que salen limpias rebotan en tu frente áspera y se devuelven por mi esófago hasta mi estomago donde se encuentran mis peces que se comen los restos de la comida que los hace felices. Contemplo desde el suelo que ya no estás y que por lo tanto tu existencia está en tela de juicio. Sólo eres real cuando tu luz puede entrarme por mis dos pupilas abiertas ante tanta luminosidad que proyectas. Y veo entre los autos lavados tu vida tan distinta, tan ajena. Me da vergüenza. Lloro. Seco la sangre que brota por los poros. Abro los ojos, y veo cosas inertes, personas enojadas, piedras puestas en lugares que no corresponden. Asco y sangre. Asco y miedo. Asco con un toque de menta con oliva. ¿Qué quieres comer? ¿Mi sangre? Decido cerrar los ojos y divagar. Te empiezo a construir con los pequeños pedazos de tela que van quedando entre mis piernas ultrajadas, avergonzadas y tristes. Mis manos te buscan en las letras que te dan vida a diario y mi espalda se apoya en la pared para parecer normal. Sangre y asco. Sangre y vino. Sangre con vergüenza a la pimienta. Piensas algo parecido mientras cierras los ojos. Qué esperas. Muere un poco más, para estar un poco más vivo mañana.
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