Hay espacio. Mucho. Demasiado. Hay una brecha gigante entre tu vereda y la mía, entre tus segundos y los míos, entre mis verdades y tus mentiras.
El atardecer eterno entra a mis ojos directo, sin mucho entendimiento, sin muchas ganas de ser entendido tampoco. Las ultimas veces son múltiples y de cuando en vez sólo hay 3 minutos que nos separan de la conexión perpetua. El tiempo tuyo es tan distinto al mio, que tú estás en un auto y yo estoy mirando el fuego que me ha entregado Prometeo. El tiempo, el tiempo. El puto tiempo que a mi me pasa tan lento, frío, distante y tan ajeno, que provoca tan poco cambio y me vomita en la cara con gusto, sabiendo que en mi no pasa. Y le doy cuerdas a los relojes para que pase cerca mio, mas los relojes se paran y no dan la hora. Y me quedo en mi casa atemporal, donde la vida no pasa, y el tiempo tampoco; donde ya la gente no llama a la puerta y sólo tira cartas por debajo.
