lunes, 8 de abril de 2013

Tiempo

El tiempo corre y tras él se va rompiendo el puente de paja y cartón que no soporta el cause natural del agua. En los segundos hay pedazos de papel picado, colillas de cigarro y planes nunca llevados a cabo. Hay también hojas secas, baba de perro y lagrimas rojas. Dejan un sendero que facilita el retroceso hacia las hojas del árbol que te crece en el pecho. Empiezo a recordar las horas exactas, con sus segundos y milésimas; con las fotos correspondientes y la comida en la boca.
Hay espacio. Mucho. Demasiado. Hay una brecha gigante entre tu vereda y la mía, entre tus segundos y los míos, entre mis verdades y tus mentiras.
El atardecer eterno entra a mis ojos directo, sin mucho entendimiento, sin muchas ganas de ser entendido tampoco. Las ultimas veces son múltiples y de cuando en vez sólo hay 3 minutos que nos separan de la conexión perpetua. El tiempo tuyo es tan distinto al mio, que tú estás en un auto y yo estoy mirando el fuego que me ha entregado Prometeo. El tiempo, el tiempo. El puto tiempo que a mi me pasa tan lento, frío, distante y tan ajeno, que provoca tan poco cambio y me vomita en la cara con gusto, sabiendo que en mi no pasa. Y le doy cuerdas a los relojes para que pase cerca mio, mas los relojes se paran y no dan la hora. Y me quedo en mi casa atemporal, donde la vida no pasa, y el tiempo tampoco; donde ya la gente no llama a la puerta y sólo tira cartas por debajo. 

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