Hace frío. El primer día del año que siento mucho frío. Estoy contra la reja del supermercado y miro la calle. Hay un colectivo que me mira sin descanso para que lo aborde. No lo voy a tomar; no quiero tomarlo; pronto vendrán más. El conductor se va enfurecido, y acelera. Yo miro como se aleja, es un idiota.
Miro el suelo y hay un cigarro a medio consumir, aplastado y mojado por la lluvia. Me lo fumaría, encantada. Tengo tantas ganas de fumar que lo recogería del suelo y lo prendería, pero hay mucha gente y quién sabe que ha estado en el suelo junto con él.
Miro la calle mojada y las luces de los autos que se reflejan en el pavimento. No viene ningún colectivo que me sirva. Poco importa. El frío me es tan agradable. Hay gente que ríe un poco más allá en el paradero. En mi cabeza hay palabras, cafés, ganas de fumar, de desaparecer, un poco irme a la mierda. Y sin más preámbulo dos gotas calientes corren por mis frías mejillas. ¿Estoy llorando? No. No puedo llorar. Son sólo dos gotas traviesas que han decidido darse a la fuga. Las limpio con mi mano derecha con un movimiento rápido, como si me estuviera tocando la cara porque sí.
Miro la calle. No viene nada.
viernes, 3 de mayo de 2013
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